CÓMO DETECTAR EL CONSUMO
En muchos casos la falta de comunicación, unida a las "peculiaridades" de
la adolescencia, hace francamente difícil el determinar si las drogas pueden
estar teniendo algo que ver en los cambios que se observan en el menor, o si
éstas son debidas sólo a las características propias de tan difícil etapa.
Hace pocos años se comercializó en Estados Unidos una prueba o test para
determinar el consumo de drogas en cualquier persona. De venta en farmacias
y elaborado por la compañía Berringer Technologics, consiste en pasar una
gasa por los objetos de uso cotidiano del individuo a estudiar y su
posterior envío a los laboratorios de dicha empresa. En poco más de una
semana y por 18 euros es posible detectar si un adolescente está consumiendo
determinadas drogas.
No obstabte, el sistema empleado presenta algunos problemas que conviene
señalar:
- No puede detectar el uso de cualquier droga, sino sólo el de seis en
concreto
- No puede diferenciar entre un individuo que consume drogas y otro que
simplemente ha estado en contacto con personas que las consumen. Es decir,
un joven que ha utilizado un libro de otro que se ha fumado un porro
también puede dar positivo.
Sea como fuere se trata de una medida casi "policial", a emplear sólo en
circunstancias en las que no existe una buena relación de confianza con los
hijos/as. Es la última opción. Por otro lado este test no se encuentra aún
en todas las farmacias de nuestro país, pero un análisis de sangre y orina
recomendado por el médico de cabecera, tras una revisión o "chequeo
rutinario", puede detectar también la presencia de determinadas sustancias.
El empleo de métodos de este tipo queda a la conciencia de cada uno.
Algunos padres lo considerarán poco ético, y otros simplemente como una
forma de descubrir si su hijo/a necesita ayuda antes de que sea demasiado
tarde.
El consumo de drogas de diseño suele traer consigo todo un abanico de
cambios, tanto en la personalidad como en las actitudes y conducta del
adolescente. Así mismo ésto puede llegar a manifestarse también en el
aspecto físico. Ahora bien, algunos de estos cambios se producen del mismo
modo en otros adolescentes que no consumen ningún tipo de drogas,
simplemente por lo conflictivo de la etapa a la que me refiero y por su
constante presencia de cambios.
Las cuestiones que se tratan a continuación deben tenerse en cuenta
cuando exista ya una base, o al menos una sospecha fundada de que se puede
estar produciendo algo fuera de lo normal. En cualquier caso, será el
conjunto de todas estas cuestiones y no cada una por separado lo que nos
permita sacar conclusiones.
El insomnio
La mayoría de las drogas de diseño tratadas a lo largo del presente libro
provocan insomnio. Esto da lugar a que el adolescente que las consume tenga
dificultades para conciliar el sueño, lo cual se puede traducir en dos
situaciones: los continuos viajes a lo largo de la noche (al baño, a la
cocina, al salón...), y una actividad anormal hasta muy tarde. Es decir, el
menor se queda viendo la televisión o escuchando música hasta horas
desacostumbradas por él/ella, independientemente de la hora a la que tenga
que levantarse al día siguiente.
Por supuesto, ésto no quiere decir que el adolescente que padezca estos
problemas de insomnio no duerma. Simplemente le cuesta mucho conciliar el
sueño, pero finalmente cae rendido. Todo ello da lugar a que, a la hora de
levantarse para ir a clase o a trabajar, sea casi incapaz de despegarse de
las sábanas sino tras continuas llamadas e insistencias.
Los estudiantes que consumen drogas de diseño comienzan a llegar tarde a
la primera clase de la mañana, o se saltan varias, siempre en función de que
alguien les haya obligado a levantarse o no. Se hace especialmente evidente
los lunes por la mañana, y puede dar lugar a regulares faltas de asistencia
a clase.
La depresión y la ansiedad
Las drogas de diseño más consumidas, desde el éxtasis hasta el LSD,
terminan desencadenando fuertes depresiones en sus adictos. En la actitud
del adolescente comienza a predominar el negativismo, una visión pesimista
de su vida cotidiana y especialmente de su futuro. Este sentimiento se va
reforzando por la creciente dificultad que encuentra para desarrollar sus
tareas cotidianas, bien sea estudiando o en su trabajo. El nivel de
autoestima desciende preocupantemente, y el adolescente comienza a pensar
que no será capaz de hacer nada de cuanto se proponga, por lo cual deja de
fijarse metas y pierde (aparentemente) el interés por el cómo se
desarrollará su futuro.
La depresión entre los más jóvenes es un problema cada vez más frecuente
y más extendido. Cada día son más los menores que acuden a la consulta del
psicólogo o del psiquiatra para intentar salir de una depresión. En España
el 15% de las personas que acuden al psiquiatra son adolescentes. En el
mundo más de 300 millones de personas padecen depresiones en sus distintas
manifestaciones, y ni tan siquiera la décima parte acude a la ayuda médica.
Nunca se presta la suficiente atención a este problema, como si tratara de
algo que utilizan algunos para llamar la atención.
Pero no es sólo la depresión la que va adquiriendo protagonismo en la
vida del joven consumidor de drogas de diseño, y marcando su conducta y sus
actitudes, sino también la peligrosa ansiedad. Con frecuencia inseparables,
la depresión y la ansiedad se alternan en estos adolescentes, provocando
continuos cambios en su estado de ánimo y haciéndoles pasar de la apatía a
la hiperactividad.
La ansiedad aparece como un mecanismo de supervivencia que nos ayuda a
superar las situaciones adversas o los peligros, pero la falta de control
sobre la misma y las circunstancias personales pueden convertirla en algo
permanente y desproporcionado: una enfermedad. Su incidencia en los países
más desarrolados crece a la par que la depresión. En España entre el 6% y el
7% de las personas padece ansiedad, y en el mundo la cifra supera los 400
millones. Esta enfermedad viene acompañada por una serie de dolencias
físicas, y puede llegar a producir una "crisis de ansiedad", o lo que
comunmente se conoce como "ataque de pánico". Las consultas de los
psiquiatras se llenan de personas con este problema, y los polémicos
medicamentos como el Prozac se venden como rosquillas.
La acción de las drogas de diseño puede actuar como desencadenante de la
ansiedad. El adolescente sólo se encuentra bien cuando llega el fin de
semana y comienza "la fiesta" con sus amigos y amigas. El resto de la semana
se convierte en la sala de espera de un dentista, y los días se hacen
largos, pesados e insoportables. Esta situación es reforzada por otras más
comunes al resto de los jóvenes: una sociedad exigente que pide cada día más,
la competividad, la violencia del entorno, la violencia en televisión, el
consumismo y el deseo de tenerlo todo, la falta de comunicación, las prisas,
el ruido que dificulta cualquier labor, los exámenes... Hasta la pandilla se
puede convertir en causante de ansiedad, aun sin saberlo sus miembros. Los
amigos pueden llegar a ser más exigentes que los padres o el entorno.
Esperan de cada uno de sus integrantes que cumpla con tal o cual ritual, que
beba o consuma lo mismo que los demás o más, que lleve el mismo tipo de
marcas y atuendo, que ligue tanto como los otros, que no se eche atrás ante
una provocación, que apoye al grupo en cualquier situación por encima de los
razonamientos, etc... Todo con tal de estar a la altura de los demás y no
ser rechazado.
La ansiedad convierte al adolescente en irritable. Se vuelve impaciente,
tiene prisa, y a veces para superar su angustia tiende a romper con las
cosas que le rodean: la pareja, los estudios, la familia... intentando
desterrar con alguna de ellas la causa de su malestar. Se muestra incapaz de
permanecer media hora realizando una actividad que requiera concentración,
como el estudio, y cambia constantemente de actividad buscando algo que le
calme. Además de la concentración pierde capacidad para memorizar y
precisión en los trabajos manuales.
Cuanta más cantidad y más tiempo consuma drogas de diseño un adolescente,
mayores serán los estados de depresión y ansiedad que padecerá a lo largo de
la semana, y que sólo sentirá calmados cuando llegue el fin de semana y las
pastillas se encarguen del resto. Todo ésto termina derivando en graves
problemas psicológicos. Durante el X Congreso Mundial de Psiquiatría,
celebrado en Madrid en agosto de 1996, salían a la luz algunos datos muy
preocupantes: En algunos hospitales el 64% de los pacientes ingresados en
psiquiatría es alcohólico o drogodependiente, de los cuales un tercio es
consumidor habitual de cocaína.
Pérdida de la autodisciplina
El consumo de drogas de diseño suele traer consigo una pérdida de la
autodisciplina. El menor comienza a dejar de lado las normas y costumbres
que ya había hecho propias y tenía practicamente interiorizadas. Si
normalmente ordenaba con cierta regularidad su cuarto y su ropa, es probable
que deje de hacerlo. Las horas que acostumbraba estudiar se iran reduciendo,
e incluso perderá el interés por actividades extraescolares que antes
acaparaban parte de su tiempo, como partidos los sábados o domingos por la
mañana, correr o montar en bici con algún amigo/a, etc. Esto puede correr
paralelo a un descuido de la propia imagen y de la higiene, pero no es la
tónica dominante.
Desconfianza
Es frecuente que el joven comience a desarrollar una actitud de
desconfianza hacia el entorno familiar. Responde a preguntas normales como
si de un interrogatorio se tratase, con rechazo. Cree encontrar segundas
intenciones en lo que se le dice o se hace.
Del mismo modo se va mostrando muy celoso de su vida más personal,
rechazando el dar cualquier tipo de explicaciones y dejando de comentar
cuestiones que antes comentaba. Celoso también de su cuarto y de sus cosas,
mostrándose muy reacio a que se abran sus cajones o armarios para guardarle
la ropa, o a que se decida por él que pantalones deben ir ya a la lavadora.
Todo ésto suele estar motivado fundamentalmente por el miedo a que se
descubran sus "nuevas costumbres".
Sobrepreocupación por el dinero
Un adolescente que comienza a consumir drogas necesita un mínimo de 30
euros por fin de semana, y a medida que se vaya desarrollando la tolerancia
hacia la sustancia que esté consumiendo irá subiendo la dosis. En unos meses
la cantidad de dinero necesaria se ha triplicado, y si comienza a mezclar
drogas como el speed, la cocaína, el popper o el GHB necesitará aun más.
Conseguir dinero se convierte entonces en la cuestión prioritaria para el
adolescente. Buscará pequeños trabajos a los que concederá todo el tiempo
necesario, o comenzará a vender sus compac-disc, juegos del ordenador y
cosas por el estilo. Si se introduce en el mundo del "trapicheo", o tráfico
de pastillas a pequeña escala, la situación puede dar un giro de 180 grados.
Además de salir todos los fines de semana tiene dinero para ir adquiriendo
desde prendas de ropa hasta aparatos musicales, confesando su nueva "afición
hacia el ahorro". Con frecuencia termina comprando cosas por un valor
superior a la paga que tiene asignada en casa, y si llega a levantar
sospechas afirmará haber conseguido un pequeño trabajo como Relaciones
Públicas, ayudante de Disc-yoquey, camarero/a, etc, en una discoteca.
La noche
Cuando se comienza a consumir drogas de diseño se puede decir que "el
tiempo pasa volando" porque, ciertamente, entre otras cosas se altera la
percepción del tiempo. Tres o cuatro horas no son suficiente, y menos cuando
uno ha tomado sustancias que pueden tenerle seis horas bailando sin parar.
Intenta entonces pasar fuera toda la noche si es posible, o incluso llegar a
la mañana siguiente. Muchos llegan a casa a la hora límite impuesta por la
familia, pero luego madrugan mucho para "ir a ver un partido" o hacer
cualquier otra cosa con los amigos. Así, tras un paréntesis lo más corto
posible reanudan la fiesta en los locales que se llenan al amanecer y
permanecen abiertos casi toda la mañana. Pero tener que interrumpir la
marcha para ir a "fichar a casa" es muy desagradable, pues muchos amigos no
tienen hora fija de llegada, y porque además te puede dar "el bajón" y no
poder levantarte después para seguir por la mañana. Entonces comienzan a
inventarse actividades como las "acampadas". Consiguen el permiso de sus
padres para pasar el fin de semana en el campo, con los amigos/as. Al
tratarse de una sana actividad muchos no encuentrar problemas para hacer
frecuentes salidas de este tipo. Lo cierto es que algunos encuentran en ésto
la excusa perfecta para poder pasar todo el fin de semana de "fiesta" sin
limitación de horarios, y llegan a sus casas el domingo por la tarde
agotados y se van a la cama sin cenar -aunque nunca huelen a campo sino a
humo de tabaco-. Otros consiguen que les dejen ir a dormir a casa de algún
compañero/a, pues "van a celebrar su cumpleaños hasta tarde y no quieren
volver solos", o "tienen que hacer un importante trabajo en grupo para la
asignatura del profesor más hueso y se les ha echado el tiempo encima", etc.
Un adolescente que consume drogas de diseño no puede salir pocas horas si
quiere aprovechar el efecto de unas sustancias que pueden mantenerle
eufórico, y sin notar cansancio, durante cinco horas seguidas.
Las calificaciones
Los jóvenes estudiantes que se inician en estas prácticas ven
drasticamente reducida su capacidad tanto para memorizar como para
concentarse. El cansancio, la depresión y fundamentalmente la ansiedad hacen
mella en ellos y en sus calificaciones. Las notas descienden
considerablemente y de forma generalizada en un corto espacio de tiempo, de
una evaluación a otra.
Pero tal y como hemos comentado al principio, estas situaciones sólo
deben tenerse en cuenta en relación al consumo de drogas de diseño si se
producen al mismo tiempo y existe una sospecha fundada. Aisladas no son
significativas, y pueden producirse por otro tipo de problemática que puede
estar relacionada con el alcohol, con una enfermedad, con la aparición de
nuevas y perjudiciales amistades, o simplemente con la conflictividad
característica de la etapa.
Los cambios en la conducta y actitudes que se producen en los
adolescentes tras iniciarse en el consumo de drogas, pueden dar lugar a
verdaderos cambios de personalidad, que a simple vista pudieran considerarse
alteraciones más o menos normales en la etapa, pero que pudieran también
deberse a los efectos que a medio plazo terminan provocando estas sustancias.
Fundamentalmente se trata de cambios que inclinan al joven hacia la
introversión y la agresividad.
El desarrollo de una personalidad introvertida es frecuente en esta
situación. El adolescente, si no era así antes, rebaja drasticamente el
nivel de comunicación en casa. Si se trataba de un joven alegre o chistoso
comenzará a dejar de serlo (en casa). Si solía hablar de las gracias de tal
o cual amigo, o de sus hazañas o problemas con el sexo opuesto, también
dejará de hacerlo. Mostrará además apatía y desinterés por las cuestiones
familiares. Es frecuente que el mal humor se convierta en la tónica
dominante. Si antes tenía grandes proyectos, sueños o ideas, ahora pasarán a
un segundo término o incluso los dejará de lado como irrelevantes o
pertenientes a una etapa ya pasada. Sólo mostrará preocupación aparente por
el momento y no por el futuro. Los lunes será realmente insoportable y los
viernes resultará imposible sujetarle. Toda la cordialidad, la extraversión,
la afabilidad y la comunicación se desataran el viernes por la tarde, con
los amigos/as, y tras la primera pastilla o dosis de lo que acostumbre. Y
todo ésto irá en aumento. Cuanto mejor sea el fin de semana peor será el
resto, y cuanto peor sea el resto más ansiará el fin de semana. Realmente
"la fiesta" llega a convertirse en lo único importante, lo único de lo que
no se puede prescindir.
En algunos casos se producen también episodios dispersos de euforia entre
el lunes y el viernes, fruto de la ansiedad y de los efectos secundarios de
muchas de estas drogas. Habrá momentos en los que se muestren exageradamente
alegres, sin motivo alguno y durante un breve espacio de tiempo. En esos
momentos la actitud positiva y amigable es desproporcionada y está fuera de
lugar. Algunos lo describen como "dar el cantazo", algo que luego te hace
sentir mucho más incómodo que si hubieras tenido una bronca.
En los adolescentes más inclinados hacia el consumo de ácidos del tipo
LSD, como los simpson o las holandesas, y que normalmente se alternan con el
uso de cannabis, los repentinos estados de euforia son sustituidos por "cuelgues":
espacios de tiempo, normalmente cortos (aunque pueden durar varios días), en
los que el joven se queda practicamente ausente y capaz sólo de desempeñar
funciones mecánicas. Pueden incluso reproducirse pseudoalucinaciones muchos
días después de la última dosis consumida.
En general, los adolescentes que se inician en estas drogas desarrollan
una personalidad introvertida y cerrada, que sólo se ve alterada por el
efecto de las pastillas.
El desarrollo de una personalidad violenta es también frecuente . El
rechazo a comunicarse en casa, y la ansiedad que provoca una semana
deprimente hasta el eufórico fin de semana, puede terminar manifestándose de
forma agresiva. Bajo el efecto de sustancias como el éxtasis muchos jóvenes
experimentan una disminución de sus tensiones e inclinaciones violentas, y
tienden a lucir un sentimiento de cordialidad -al principio y por lo
general-. Pero ésto no quiere decir que tal sentimiento quede impreso en el
menor, todo lo contrario. Las respuestas agresivas y las reacciones
violentas empiezan a formar parte de su personalidad, reforzadas por el
entorno, los medios de comunicación, etc. Cualquier comentario puede ser
interpretado como una agresión, o un intento de privarle o alejarle de "la
fiesta". Se hacen susceptibles y más inseguros. El característico descenso
de la autoes-tima también está presente, al hacerles sentir que no se les
aprecia y que, por tanto, no se intenta ayudarle sino controlarle.
Muchos adolescentes en estas circunstancias vuelcan la agresividad hacia
sí mismos, generando un tipo de sentimientos y conductas autodestructivos.
Después de un tiempo pueden llegar a reconocer que se están haciendo daño,
que su cuerpo sufre y que ya no son capaces de concentrarse, se pueden dar
cuenta incluso de la superficialidad de las relaciones que están
estableciendo con los demás, o del deterioro de su faceta familiar, pero
afirman "no poder evitarlo". Otros confiesan incluso que ese sentimiento de
autodestrucción les reporta placer, y que incluso se reafirman en él. Esto
es provablemente lo más difícil de tratar tanto cara a la prevención como a
la desintoxicación y normalización posterior: "el ambiente".
El entorno en que se consumen las drogas de diseño se ajusta como un
guante a sus efectos. Forman un todo. El adicto al éxtasis es también adicto
al ambiente, a la música, a la euforia, a ese tipo de relaciones rápidas y
"sin problemas" o ataduras, etc. Realmente es muy difícil sacar a un
adolescente de las drogas de diseño sin sacarle del ambiente, es como
intentar rehabilitar a un alcohólico llevándole de bares.
Las drogas no transforman a los jóvenes en menos agresivos, al contrario,
aumentan la tendencia hacia la violencia a medio plazo, contra los demás o
contra sí mismo. Esto además es explicable desde un punto de vista más
biológico, por los niveles de serotonina. Las sustancias más consumidas,
como el MDMA (éxtasis) y sus derivados provocan un descenso en los niveles
de serotonina de sus consumidores, ligados al control de la agresividad. De
hecho, para combatir tal agresividad se están comenzando a emplear con éxito
medicamentos que aumentan los niveles de serotonina en el organismo. Estos
medicamentos ayudan también, curiosamente, a superar la depresión y la
ansiedad.
La adicción a este tipo de drogas, como en el caso de otras sustancias,
puede traer consigo determinados cambios fisiológicos. El más común es la
pérdida de peso debida al agotamiento, el insomnio y la falta de apetito.
Muchas drogas de diseño son precisamente anorexígenas, como el éxtasis que
llegó a fabricarse con esta intención. Este agotamiento y la pérdida de peso
se pueden apreciar en el rostro, especialmente en el de los chicos que no
pueden disimular u ocultar el color y las ojeras.
Después de "la fiesta", cuando llegan a casa, pueden apreciarse otros
signos externos como la dilatación de las pupilas, y según la droga que
estén consumiendo también un enrojecimiento de la piel, fundamentalmente en
la cara y el cuello. Los estimulantes como el éxtasis, la píldora del amor,
el eva y demás, provocan una especie de espasmos musculares en la lengua y
en la mandíbula. Esto, que en un primer momento pudiera parecer un tic, es
disimulado por los jóvenes mastican chicles que les permiten mantener un
movimiento regular y fuera de sospecha. Para disimular la irritación y
dilatación en los ojos utilizan colirios que pueden guardar consigo o en su
cuarto.
También es frecuente que la ansiedad desate en ellos/as diversos tics
nerviosos, y verdaderas manías que repiten de forma casi compulsiva. Pero la
pérdida de peso y apetito, y la fatiga reflejadas en el rostro son los
cambios visibles más comunes entre los jóvenes adictos.
En resumen : la mayor parte de los cambios que se producen en un
adolescente que comienza a consumir drogas de diseño o síntesis son, por
desgracia, cambios que pueden reproducirse por otros motivos al margen del
consumo de drogas. Sólo la aparición repentina de varios de estos cambios
debe alertarnos. Resulta fundamental el establecer previamente una verdadera
relación de confianza y comunicación con el menor, para lo cual recomendamos
las pautas que se recogen en el libro: "Adolescencia y drogas de diseño"
(Ed. Mensajero).
Fuente: http://www.stop-drogas.com/content/ghb.html |