Los griegos diferenciaron entre relatos verídicos e imaginarios utilizando las palabras "logo" y "mitho". Fábulas o mitos son fabricaciones, o sea, historias imaginadas para explicar un origen. Hoy muchas prácticas religiosas deben su origen a la confabulación de hombres y espíritus engañadores y tan extraños a la Biblia como el fuego de Nadab y Abiú (Lev. 10:1). La Biblia es histórica y por consiguiente, antimítica. Lo que dice realmente sucedió. No es invento, sea Adán y Eva, Jonás en el vientre del gran pez, la cruzada del Mar Rojo por Israel o la resurrección de Jesús. No son inventos, sino realidades históricas. El Antiguo Testamento no contiene mitos (la conversación de los árboles en Jueces 9:8-15 no es mítica sino ilustrativa). El relato bíblico ha sido comprobado una infinidad de veces por la arqueología. En 1861 la Academia Francesa de las Ciencias enumeró 51 "hechos" que supuestamente refutaban la Biblia, pero ninguno de aquellos "hechos" se considera verídico hoy en día.

Los mitos sirven para eliminar los sucesos históricos, como la resurrección de Jesús. Por ejemplo, algunos judíos comenzaron el cuento de que los discípulos hurtaron el cuerpo (Mat. 28:13). Otros comienzan con mal entendidos, como la idea que el apóstol Juan nunca iba a morir (Juan 21:20-23). Algunos se inventan para tapar pecados como el adulterio de José Smith con Fannie Alger en 1835, lo que desemboca en la revelación mormona de las "esposas espirituales" (poligamia) y la enseñanza blasfema de que Jesús era polígamo. La mayoría de los mitos se inventan para reforzar la falsa doctrina con un disfraz histórico.






Con mitos justifican la práctica de tener imágenes, cosa que la Biblia claramente condena (Exo. 20:4). Verónica nunca limpió el rostro de Jesús con su velo, mito que se originó por el año 700 D.C. Verónica nunca existió, pues su nombre era el título de una pintura ficticia que llamaron en griego"vera icon", o sea, "verónica" (verdadera imagen). La Biblia no describe el aspecto físico de Jesús, sino que la primera pintura apareció en el siglo tercero. Por eso las representaciones artísticas de Jesús son pura especulación, imaginación, confabulación e ignorancia (Hech. 17:30), ya que Dios preservó la semejanza física de su hijo más allá del alcance de los artesanos e idólatras.

Pablo censuró las fábulas cuatro veces (1 Tim. 1:4; 4:7; 2 Tim. 4:4 y Tito 1:14). Estas amenazan la iglesia por apartar a los oyentes de la verdad, por desestabilizar a los hermanos con ficciones, por crear el vicio de "¡Cuéntamelo!" para depositar la fe, no en la palabra de Dios, sino en las revelaciones de espíritus engañadores, supuestas señales y testimonios que premian la exageración. Los mitos degeneran los hermanos a "niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error" (Efe. 4:14). ¡Tú escoje, amigo lector! La Escritura o los cuentos; la Palabra de Dios que no miente o tradiciones de hombres; el "Así dice la Biblia" o los sueños inseguros; el mandamiento de Cristo o una voz, cuyo origen se desconoce, ya que Satanás se disfraza como ángel de luz (2 Cor. 11:13-14).

La Biblia no es ficción. No es parte verdad y parte embuste. Lucas escribió un evangelio libre de mitos (Luc. 1:1-4). Pedro afirma que fue testigo de verdades y no de fábulas artificiosas (2 Ped. 1:16). ¿Cuánto de tu religión es mito? Al practicar una religión fabulosa, ni eres libre ni eres discípulo verdadero (Jn. 8:31-32).

Publicado Originalmente bajo el titulo:

RELIGION FABULOSA

por Elmer N. Dunlap Rouse